ChilePodcast...el Primer Podcast Educativo de Chile ...desde el 17 de Mayo de 2005
ChilePodcast
Primer Podcast Educativo de Chile. Producido y Presentado por el Profesor Carlos Toledo Vedugo www.profesortoledo.cl

Categorias de Podcasts

Special Spanish
videocasting
podcasts
Diexismo
Pasantia La Serena
General
Pasantia Miami
Lecturas Educacion Media
Cursos Ingles BBC
Lecturas Educacion Basica

Archivos de Podcasts

2017
March

2015
August
July
June
May
April
March
February
January

2014
October

2013
December
November
October
September
July
June
May
April
March
February
January

2012
April

2011
July
June
May
April
March
February
January

2010
December
July
June
May
April
March
February
January

2009
April
March

2008
July
June
May
April
March
February
January

2007
December
November
October
September
August
July
June
May
April
March
January

2006
December
November
October
September
August
July
June
May
April
March
February
January

2005
December
November
October
September
August
July
June
May

April 2010
S M T W T F S
     
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30

Enlaces

Haz clic aqui para suscribirte a chilepodcast
Haz clic para suscribirte al Grupo ChilePodcast

Lo que leo y escucho

  • Software para suscribirse a ChilePodcast

  • EDUCAsites.net
    Buscador de recursos educativos

    PodcastAlley.com

Feeds

    Podcasting News Mapa de Oyentes

    Inscribete en Chilepodcast

     Subscribe in a reader

    El Primer Podcast de Chile

    Powered by FeedBurner

    LearnOutLoud.com Podcast

Directory

    Deje sus opiniones Aqui

    Leer mi libro de visitas

    Firmar mi libro de visitas

    Locations of visitors

to this page

    Utilidades

    Google
    Web .cl
    Blogger Search

    Syndication

    Las Cuatro Velas

    Las Cuatro Velas, mensaje de Navidad.

    Direct download: Chilepodcast_Las_Cuatro_Velas_Mx.mp3
    Category:Special Spanish -- posted at: 7:40pm VET
    Comments[0]

    352 ChilePodcast    -Cuento: Disculpe  es usted una bruja.

    352 ChilePodcast  -

     

     Disculpe. ¿Es usred una Bruja?

    Lecturas para la Educación Básica.

    Cuento: Disculpe  es usted una bruja.

    Direct download: 352_ChilePodcast_Disculpe_es_usted_una_bruja.mp3
    Category:Lecturas Educacion Basica -- posted at: 1:04pm VET
    Comments[0]

    351 ChilePodcast  - Cuento: La Grulla y el flamento

    351 ChilePodcast

     Lecturas para la Educación Básica.

    Cuento: La grulla y el flamenco

     

    Hace mucho tiempo, había una grulla y un flamenco que vivían en los extremos opuestos de cierto lago. Coincidían a veces, pero cada uno llevaba su vida, y se ignoraban mutuamente.

    Hasta que un día el flamenco se dijo a sí mismo: «Estoy muy solo, y esta vida es aburrida... Iré a ver a la grulla y le pediré que se case conmigo».

    Y eso fue lo que hizo. Al oír su petición, la grulla la rechazó de plano: «Eres feo, tienes las patas muy delgadas  y, además, estoy muy tranquila viviendo sola, así que vete ahora mismo». Compungido y triste, el flamenco se marchó.

    Transcurridos unos días, la grulla empezó a arrepentirse de haber rechazado tan groseramente al flamenco: «Después de todo, creo que sería buena idea casarme con él... Mejor eso, que pasarme todo el día buscando peces en el lago y soportando a mis compañeras». Con esta determinación, acudió a ver al flamenco.

    Cuál no sería su sorpresa cuando el flamenco rechazó su petición: «¡Pues ahora soy yo el que no se quiere casar contigo! ¡Lo he pensado mejor, y estoy mejor solo que aguantando a una grulla maleducada como tú!» Así que la grulla regresó a su lado del lago.

    Pocos días pasaron hasta que el flamenco se recriminó a sí mismo el trato que le había dado a su vecina: «No lo entiendo», se dijo, «yo me quiero casar con ella, viene a pedírmelo, y la rechazo... no sé en qué estaría pensando... voy corriendo a decirle que sí».

    Mas la grulla, herida en su orgullo, volvió a rechazar la petición del flamenco: «¡Pues ahora yo no me quiero casar contigo! Te di tu oportunidad y la desaprovechaste»

    Pero al cabo de varios días la grulla volvió a arrepentirse de haber despreciado al flamenco, y volvió a acudir a él, aceptando su petición... la cual, por supuesto, fue rechazada por el flamenco...

     

    Dice la historia que todavía siguen así la grulla y el flamenco.

    Direct download: 351ChilePodcast__La_Grulla_y_el_flamento.mp3
    Category:Lecturas Educacion Basica -- posted at: 11:27pm VET
    Comments[2]

    350 ChilePodcast  - Cuento: Yo si yo no.

    350 ChilePodcast  -

     

    Lecturas para la Educación Básica

    Cuento: Yo si yo no.

    Resulta que hace miles de años vivía un matrimonio de Sapos que se querían mucho y que lo pasaban muy bien a orillas de una charca. La casa en que vivían era de dos pisos, con terraza y todo, y en el verano salían de excursión en una barca hecha con un pedacito de pellín y una vela que les tejiera una Araña amiga. Se mostraban muy elegantes con sus trajes de seda verde y sus plastrones blancos. Y no eran nada de, feos, con sus grandes bocas y sus ojos de chaquira negra.

     

    Por la única cosa que a veces peleaban era porque al señor Sapo le gustaba quedarse conversando con sus amigos de la ciudad Anfibia y llegaba tarde a almorzar y entonces la señora Sapa se enojaba mucho y discutían mucho más aún y a veces las cosas llegaban a un punto muy des agradable.

     

    Y resulta que un día llegó el señor Sapo con las manos metidas en los bolsillos del chaleco, canturreando una canción de moda, muy contento. Y resulta también que ya habían dado las tres de la tarde. ¡En verdad que no era hora para llegar a almorzar! Como nadie saliera a recibirlo, el señor Sapo dijo, llamando:

     

    --Sapita Cua-Cua... Sapita Cua-Cua...

     

    Pero la señora Sapa no apareció. Volvió a llamarla y volvió a obtener el silencio por respuesta. La buscó en el comedor, en el salón, en la cocina, en el repostero, en el escritorio, en la piscina, hasta se asomó a la terraza para otear los alrededores. Pero por ninguna parte hallaba a su mujercita vestida de verde.

     

    De repente, el señor Sapo vio en una mesa del salón un papel que decir:

     

    ALMORCÉ Y SALÍ. NO ME ESPERES EN TODA LA TARDE.

     

    Al señor Sapo le pareció pésima la noticia, ya que no tendría quién le sirviera el almuerzo. Se fue entonces a la cocina, pero vio que todas las ollas estaban vacías, limpias y colgando de sus respectivos soportes. Se fue al repostero y encontró todos los cajones y armarios cerrados con llave.

     

    El señor Sapo comprendió que todo aquello lo había hecho la señora Sapa para darle una lección. Y sin mayores aspavientos se fue donde la señora Rana, que tenía un despacho cerca del sauce de la esquina, a comprarle un pedazo de arrollado y unos pequenes para matar el hambre.

     

    Pero como este señor Sapo era muy porfiado y no entendía lecciones, en vez de llegar esa noche a comer a las nueve, como era lo habitual, llegó nada menos que pasadas las diez.

     

    La señora Sapa estaba tejiendo en el salón; y, sin saludarlo siquiera, le dijo de mal modo:

     

    --No hay comida.

     

    --Tengo hambre --contestó el señor Sapo, con igual mal humor.

     

    --Yo no.

     

    --Yo sí.

     

    Y como si uno era porfiado, el otro lo era más, y ninguno de ellos quería dejar con la última palabra al otro, pues a medianoche todavía estaban repitiendo:

     

    --Yo no.

     

    --Yo sí.

     

    Y cuando apareció el sol sobre la cordillera, el matrimonio seguía empecinado en sus frases:

     

    --Yo sí.

     

    --Yo no.

     

    Y resulta que esto pasaba poco tiempo después del diluvio, cuando Noé recién había sacado los animales del Arca. Y resulta también que ese día Noé había salido muy temprano para ir a darles un vistazo a sus viñedos, y al pasar cerca de la charca, oyó la discusión y movió la cabeza desaprobatoriamente, porque no le gustaba que los animales del Buen Dios se pelearan. Y cuando por la tarde pasó de nuevo, de regreso a su casa, llegaron a sus oídos las mismas palabras:

     

    --Yo sí.

     

    --Yo no.

     

    Le dio un poco de fastidio a Noé, y, acercándose a la puerta de la casa de los Sapos,

     

    les dijo:

     

    --¿Quieren hacer el favor de callarse?

     

    Pero los señores Sapos, sin oírlo, siguieron diciendo obstinadamente:

     

    --Yo sí.

     

    --Yo no.

     

    Entonces a Noé le dio fastidio de veras y gritó enojado:

     

    --¿Se quieren callar los bochincheros?

     

    Y San Pedro --que estaba asomado a una de las ventanas del cielo, tomando el fresco-- le dijo a Noé, enojado a su vez porque hasta allá arriba llegaban las voces de los porfiados discutidores:

     

    --Los vamos a castigar, y desde ahora, cuando quieran hablar, sólo podrán decir esas dos palabras estúpidas.

     

    Y ya sabes ahora, Mari-Sol de mi alma, por qué todos los Sapos de tódas las charcas del mundo dicen a toda hora y a propósito de toda cosa: --Yo sí.

     

    --Yo no.

     

     

    BRUNET, Marta. Yo sí...Yo no. Cuentos para Marisol. Obras Completas de Marta Brunet. Santiago, Zig-Zag, 1962. Pp. 314-315.

    Direct download: 350_ChilePodcast__Yo_si_yo_no_.mp3
    Category:Lecturas Educacion Basica -- posted at: 3:30pm VET
    Comments[0]

    349 Chilepodcast  - Cuento: El Rey Pico de Tordo.

    349 Chilepodcast  -

     Lecturas para la Educación Básica.

    Cuento: El Rey Pico de Tordo.

    Un cuento de los hermanos Grimm

     

    Había una vez un rey que tenía una hija cuya belleza física excedía cualquier comparación, pero era tan horrible en su espíritu, tan orgullosa y tan arrogante, que ningún pretendiente lo consideraba adecuado para ella. Los rechazaba uno tras otro, y los ridiculizaba lo más que podía.

    En una ocasión el rey hizo una gran fiesta y repartió muchas invitaciones para los jóvenes que estuvieran en condición de casarse, ya fuera vecinos cercanos o visitantes de lejos. El día de la fiesta, los jóvenes fueron colocados en filas de acuerdo a su rango y posición. Primero iban los reyes, luego los grandes duques, después los príncipes, los condes, los barones y por último la clase alta pero no cortesana.

     

    Y la hija del rey fue llevada a través de las filas, y para cada joven ella tenía alguna objeción que hacer: que muy gordo y parece un cerdo, que muy flaco y parece una caña, que muy blanco y parece de cal, que muy alto y parece una varilla, que calvo y parece una bola, que muy... , que...y que...., y siempre inventaba algo para criticar y humillar.

     

    Así que siempre tenía algo que decir en contra de cada uno, pero a ella le simpatizó especialmente un buen rey que sobresalía alto en la fila, pero cuya mandíbula le había crecido un poco en demasía. 

     

    -"¡Bien."- gritaba y reía, -"ese tiene una barbilla como la de un tordo!"-

     

    Y desde entonces le dejaron el sobrenombre de Rey Pico de Tordo.

     

    Pero el viejo rey, al ver que su hija no hacía más que mofarse de la gente, y ofender a los pretendientes que allí se habían reunido, se puso furioso, y prometió que ella tendría por esposo al primer mendigo que llegara a sus puertas.

     

    Pocos días después, un músico llegó y cantó bajo las ventanas, tratando de ganar alguito. Cuando el rey lo oyó, ordenó a su criado:

     

    -"Déjalo entrar."-

     

    Así el músico entró, con su sucio y roto vestido, y cantó delante del rey y de su hija, y cuando terminó pidió por algún pequeño regalo. El rey dijo:

     

    -"Tu canción me ha complacido muchísimo, y por lo tanto te daré a mi hija para que sea tu esposa."

     

    La hija del rey se estremeció, pero el rey dijo:

     

    -"Yo hice un juramento de darte en matrimonio al primer mendigo, y lo mantengo."-

     

    Todo lo que ella dijo fue en vano. El obispo fue traído y ella tuvo que dejarse casar con el músico en el acto. Cuando todo terminó, el rey dijo:

     

    -"Ya no es correcto para tí, esposa de músico, permanecer de ahora en adelante dentro de mi palacio. Debes de irte junto con tu marido."-

     

    El mendigo la tomó de la mano, y ella se vio obligada a caminar a pie con él. Cuando ya habían caminado un largo trecho llegaron a un bosque, y ella preguntó:

     

    -"¿De quién será tan lindo bosque?"

     

    -"Pertenece al rey Pico de Tordo. Si lo hubieras aceptado, todo eso sería tuyo."- respondió el músico mendigo.

     

    -"¡Ay, que muchacha más infeliz soy, si sólo hubiera aceptado al rey Pico de Tordo!"

     

    Más adelante llegaron a una pradera, y ella preguntó de nuevo:

     

    -"¿De quién serán estas hermosas y verdes praderas?"-

     

    -"Pertenecen al rey Pico de Tordo. Si lo hubieras aceptado, todo eso sería tuyo."- respondió otra vez el músico mendigo.

     

    -"¡Ay, que muchacha más infeliz soy, si sólo hubiera aceptado al rey Pico de Tordo!"

     

    Y luego llegaron a un gran pueblo, y ella volvió a preguntar:

     

    -"¿A quién pertenecerá este lindo y gran pueblo?"-

     

    -"Pertenece al rey Pico de Tordo. Si lo hubieras aceptado, todo eso sería tuyo."- respondió el músico mendigo.

     

    -"¡Ay, que muchacha más infeliz soy, si sólo hubiera aceptado al rey Pico de Tordo!"

     

    -"Eso no me agrada."- dijo el músico, oírte siempre deseando otro marido. ¿No soy suficiente para tí?"

     

    Al fin llegaron a una pequeña choza, y ella exclamó:

     

    -"¡Ay Dios!, que casita tan pequeña. ¿De quién será este miserable tugurio?"

     

    El músico contestó:

     

    -"Esta es mi casa y la tuya, donde viviremos juntos."-

     

    Ella tuvo que agacharse para poder pasar por la pequeña puerta.

     

    -"¿Dónde están los sirvientes?"- dijo la hija del rey.

     

    -"¿Cuáles sirvientes?"- contestó el mendigo.

     

    -"Tú debes hacer por tí misma lo que quieras que se haga. Para empezar enciende el fuego ahora mismo y pon agua a hervir para hacer la cena. Estoy muy cansado."

     

    Pero la hija del rey no sabía nada de cómo encender fuegos o cocinar, y el mendigo tuvo que darle una mano para que medio pudiera hacer las cosas. Cuando terminaron su raquítica comida fueron a su cama, y él la obligó a que en la mañana debería levantarse temprano para poner en orden la pequeña casa.

     

    Por unos días ellos vivieron de esa manera lo mejor que podían, y gastaron todas sus provisiones. Entonces el hombre dijo:

     

    -"Esposa, no podemos seguir comiendo y viviendo aquí, sin ganar nada. Tienes que confeccionar canastas."-

     

    Él salió, cortó algunas tiras de mimbre y las llevó adentro. Entonces ella comenzó a tejer, pero las fuertes tiras herían sus delicadas manos.

     

    -"Ya veo que esto no funciona."- dijo el hombre.

     

    -"Más bien ponte a hilar, talvez lo hagas mejor."-

     

    Ella se sento y trató de hilar, pero el duro hilo pronto cortó sus suaves dedos que hasta sangraron.

     

    -"Ves"- dijo el hombre, -"no calzas con ningún trabajo. Veo que hice un mal negocio contigo. Ahora yo trataré de hacer comercio con ollas y utensilios de barro. Tú te sentarás en la plaza del mercado y venderás los artículos."-

     

    -"¡Caray!"- pensó ella, -"si alguien del reino de mi padre viene a ese mercado y me ve sentada allí, vendiendo, cómo se burlará de mí."-

     

    Pero no había alternativa. Ella tenía que estar allá, a menos que escogiera morir de hambre.

     

    La primera vez le fue muy bien, ya que la gente estaba complacida de comprar los utensilios de la mujer porque ella tenía bonita apariencia, y todos pagaban lo que ella pedía. Y algunos hasta le daban el dinero y le dejaban allí la mercancía. De modo que ellos vivieron de lo que ella ganaba mientras ese dinero durara. Entonces el esposo compró un montón de vajillas nuevas.

     

    Con todo eso, ella se sentó en la esquina de la plaza del mercado, y las colocó a su alrededor, listas para la venta. Pero repentinamente apareció galopando un jinete aparentemente borracho, y pasó sobre las vajillas de manera que todas se quebraron en mil pedazos. Ella comenzó a llorar y no sabía que hacer por miedo.

     

    -"¡Ay no!, ¿Qué será de mí?"-, gritaba, -"¿Qué dirá mi esposo de todo esto?"-

     

    Ella corrió a la casa y le contó a él todo su infortunio.

     

    -"¿A quién se le ocurre sentarse en la esquina de la plaza del mercado con vajillas?"- dijo él.

     

    -"Deja de llorar, ya veo muy bien que no puedes hacer un trabajo ordinario, de modo que fui al palacio de nuestro rey y le pedí si no podría encontrar un campo de criada en la cocina, y me prometieron que te tomarían, y así tendrás la comida de gratis."-

     

    La hija del rey era ahora criada de la cocina, y tenía que estar en el fregadero y hacer los mandados, y realizar los trabajos más sucios. En ambas bolsas de su ropa ella siempre llevaba una pequeña jarra, en las cuales echaba lo que le correspondía de su comida para llevarla a casa, y así se mantuvieron. 

     

    Sucedió que anunciaron que se iba a celebrar la boda del hijo mayor del rey, así que la pobre mujer subió y se colocó cerca de la puerta del salón para poder ver. Cuando se encendieron todas las candelas, y la gente, cada una más elegante que la otra, entró, y todo se llenó de pompa y esplendor, ella pensó en su destino, con un corazón triste, y maldijo el orgullo y arrogancia que la dominaron y la llevaron a tanta pobreza.

     

    El olor de los deliciosos platos que se servían adentro y afuera llegaron a ella, y ahora y entonces, los sirvientes le daban a ella algunos de esos bocadillos que guardaba en sus jarras para llevar a casa.

     

    En un momento dado entró el hijo del rey, vestido en terciopelo y seda, con cadenas de oro en su garganta. Y cuando él vio a la bella criada parada por la puerta, la tomó de la mano y hubiera bailado con ella. Pero ella rehusó y se atemorizó mucho, ya que vio que era el rey Pico de Tordo, el pretendiente que ella había echado con burla. Su resistencia era indescriptible. Él la llevó al salón, pero los hilos que sostenían sus jarras se rompieron, las jarras cayeron, la sopa se regó, y los bocadillos se esparcieron por todo lado. Y cuando la gente vio aquello, se soltó una risa generalizada y burla por doquier, y ella se sentía tan avergonzada que desearía estar kilómetros bajo tierra en ese momento. Ella se soltó y corrió hacia la puerta y se hubiera ido, pero en las gradas un hombre la sostuvo y la llevó de regreso. Se fijó de nuevo en el rey y confirmó que era el rey Pico de Tordo. Entonce él le dijo cariñosamente:

     

    -"No tengas temor. Yo y el músico que ha estado viviendo contigo en aquel tugurio, somos la misma persona. Por amor a tí, yo me disfracé, y también yo fui el jinete loco que quebró tu vajilla. Todo eso lo hice para abatir al espiritu de orgullo que te poseía, y castigarte por la insolencia con que te burlaste de mí."-

     

    Entonces ella lloró amargamente y dijo:

     

    -"He cometido un grave error, y no valgo nada para ser tu esposa."-

     

    Pero él respondió:

     

    -"Confórtate, los días terribles ya pasaron, ahora celebremos nuestra boda."-

     

    Entonces llegaron cortesanas y la vistieron con los más espléndidos vestidos, y su padre y la corte entera llegó, y le desearon a ella la mayor felicidad en su matrimonio con el rey Pico de Tordo. Y que la dicha vaya en crecimiento. Son mis deseos, pues yo también estuve allí.

     

     

     

    * * * FIN * * *

    Direct download: 349_El_Rey_Pico_de_Tordo.mp3
    Category:Lecturas Educacion Media -- posted at: 9:52am VET
    Comments[0]

    348 ChilePodcast  - Cuento: El Sapito Colocoy

    348 ChilePodcast

     

    Lecturas para la Educación Básica

     

    El sapito colocoy (Cuento Mapuche – Chile)

     


    El sapito Colocoy se dirigía a su casa, a descansar de las pesadas tareas del día, cuando, en el camino, se encontró con un zorro.

    -¡Quítate de mi camino, feo sapo -le dijo éste-, me incomoda verte siempre saltando! ¿No puedes correr, aunque sea un poquito?

    -¡Claro que puedo! – constestó el sapito Colocoy, que, sin ser orgulloso, se sintió terriblemente ofendido de que el zorro le hubiera dicho que andaba siempre a saltos

    - Claro que puedo, y mucho más ligero que tú, si se me antoja.

    – ¡Ja, ja, ja-rió el zorro-. ¡Qué graciosos eres! ¿Quieres que corramos una carrerita?

    – ¿Y en qué topamos? -le contestó el sapito-. Pero lo haremos mañana en la mañana, porque ahora vengo cansado de mi trabajo y no haraganeo como tú. Además, se hace tarde y me espera mi familia para cenar.

    – Convenido, pero no faltes, pobre sapito. -dijo el zorro, y en un liviano trote se dirigió, riendo, a su madriguera.

    Al día siguiente, mucho antes de que las diucas comenzaran a sacar el alba de sus buches, el sapito Colocoy ya se estaba preparando para la carrera. Puso a sus hijos menores como jueces de gritoen la partida; a su mujer, como juez de llegada; y a su hijo mayor, que era igualito a él, lo escondió en la tierra, unos cuantos metros más allá del punto de llegada.

    Empezaba a clarear cuando apareció el zorro.

    – ¿Estás listo sapito Colocoy? -le preguntó.

    – ¡Mucho rato! ¿Trajiste testigos?

    – No me hacen falta, basta y sobra con los tuyos, para el caso presente. Y corramos luego que tengo una invitación a un gallinero y se me está haciendo tarde.

     – ¡Cuando gustes no más!

    Puestos en la raya, y apenas sonó el grito, el zorro partió como un celaje. Pero aún más listo, el sapito Colocoy se le colgó de un salto en el rabo.

    Corrió unos metros el zorro y volviéndose a mirar para atrás, gritó burlón:

     – ¡Sapito Colocoy!

    Y con asombro oyó la voz de éste que le gritaba:

    – ¡Adelante estoy!

    Como picado por una araña, se dió vuelta el zorro y divisó al sapito Colocoy saltando hacia la meta delante de él.

    Partió otra vez el zorro, como el viento, pero esta vez, por aquello de que el zorro nunca deja de serlo, metió la cola entre las piernas. El sapito Colocoy regresó tranquilamente al punto de partida.

    Jadeando llegó el zorro a la raya, se paró un poco antes y volviéndose para atrás grito:

    -¡Sapito Colocoy!

    Y con una rabia inmensa oyó una voz burlona que le gritaba, desde más allá del punto dellegada:

    – ¡Adelante estoy!

    Y así fue como el orgulloso zorro fue vencido en la carrera por el sapito Colocoy.

    Direct download: 348_El_Sapito_Colocoy.mp3
    Category:Lecturas Educacion Basica -- posted at: 10:30pm VET
    Comments[0]

    346 ChilePodcast   - Cuento: El Muneco de Nieve.

    346 ChilePodcast   -

     

     

    Cuento: El Muneco de Nieve

    Direct download: 346_El_Muneco_de_Nieve.mp3
    Category:Lecturas Educacion Basica -- posted at: 8:30pm VET
    Comments[0]

    345 ChilePodcast - Cuento: La Bruja Aguja.

    345 ChilePodcast

     

    Lecturas para la Educación Básica...

    Cuento: La Bruja Aguja.

    Direct download: 345_Chipod_La_Bruja_aguja.mp3
    Category:Lecturas Educacion Basica -- posted at: 7:40pm VET
    Comments[0]

    google-site-verification: google44233ba92209ec00.html